martes, marzo 20, 2007

Fumar es un placer...

Comencé a fumar muy chico.

Mis primeras andanzas con el cigarro fueron a los 8 o 9 años, donde sólo lo ponía en mi boca simulando que fumaba. En ese momento la cosa era echar humo.

Yo me movía en círculos de amigos donde todos eran mayores lo cual facilitó mi acceso al tabaco.

Mis amigos se dieron cuenta que no sabía fumar y como juego me enseñaron. Desde ese momento que fui un asiduo a la nicotina y el alquitrán.

Mi primera cajetilla me la compre entre los 12 y 13, luego de dejar de marearme con la tercera bocanada comencé a fumar como un buen fumador.

Me colgaba de la ventana de mi pieza, en el edificio ubicado en el 7º piso en Condell 1530 para fumar a escondidas de todos mientras escribía poesía o soñaba con la mujer que me gustaba en ese momento.

Nunca fui fan de alguna marca.

A veces pasaba del Life al Kent sin mayores reparos.

Del cigarro nocturno pasé a la cajetilla semanal. Así me fui convirtiendo en un fumador con todas sus letras.

Para un año nuevo fuimos a ver los fuegos artificiales a la puntilla San Luis, en el cerro Los placeres (cerca de la UTFSM). Mi mamá, igual de fumadora, ya conocía mi adicción al tabaco, pero mi padre ignoraba tal hábito, al menos yo pensaba que lo ignoraba ya que mi viejo nunca ha sido un hombre tonto.

Mi viejo, rara vez fumaba, pero esa noche andaba con una cajetilla de Kent. No sé por qué. Yo miraba al horizonte cuando siento que mi viejo se me acerca.

Los dos miramos al horizonte.

Buscó en su bolsillo y sacó un cigarro, de esos con filtro blanco, de esos bonitos, de los que salían en la tele. Sin mirarme me ofreció uno. Sin mirarlo tomé un cigarrillo. Cada uno tomó una bocanada de su cigarra, mientras aún mirábamos el horizonte. El silencio no nos molestaba pero mi viejo me pregunta: ¿Qué esperas para el próximo año?

No recuerdo que respondí pero fue la primera vez que me ví a la altura de mi viejo. Así fue como obtuve su aprobación.

Estudiando Diseño fue otra cosa. Ahí el hábito se transformó en parte del proceso de diseño. Manejando el mouse aún con el cigarrillo entre los dedos.

No sé por qué pero hay cosas que no puedo dejar de ver con un cigarro en la mano: Después de tener sexo, después de una tocata, en una conversación espectacular, con un cigarro en la mano y con una cerveza en la otra. Enmarcado en una ventana soñando, pensando o simplemente desapareciendo tras la cortina de humo.

Ya lo he intentado dejar antes.

Lo más que pude estar sin uno fue casi un año, o menos.

Hoy estoy tratando de nuevo.

Pero el cigarro es como una amante de esas buenas pero algo locas o como el amor de mi vida: Sabes que te hace año, pero no le puedes decir que no si te ofrece un encuentro.

5 comentarios:

mara dijo...

Me ha encantado como has contado tu historia! Pero ya sabes, yo soy anti-tabaco...asique, mucho ánimo, y dejalo de lado!
Un besiko desde lejos!

klgo dijo...

En realidad, fumar es un placer ... hasta que aparece el cancer, neumonia, fibrosis, enfisema, la alitosis, dientes amarillos, disminuye la potencia sexual, y otras tantas cosas ..

En que parte exactamente recide el placer de fumar ¿¿?¿?¿

Taxa dijo...

Es un placer que es dificl negar!!

Es un compañero para esos días fríos, o para calmar los nervios a veces...

Anónimo dijo...

muy bien contada la historia...
hace mas de 8 años q no tengo un nicotinoso entre mis labios...algunas veces lo he extrañado...pero me las aguanto, que bueno eso que dijiste que es como alguien q te hace mal, pero aun asi lo buscas...tengo mas esos habitos (buscar a los q me hacen daño, pero q estan ricos...jejeje), que el cigarro en si.

Ignacio dijo...

prefiero un pito

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