miércoles, septiembre 14, 2005

Intuición de hermano

La intuición me ha traído donde estoy. Si bien no es el mejor del mundo, no funciono de otra manera.

De esa forma los sucesos de algunos meses atrás se sucedieron: por intuición, en un día que casi llovía me decidí a caminar por el presentimiento de lo que más sucede cuando uno está en la calle. Lamentablemente no salgo mucho, si que esa sensación podía haber sido sólo una simple esperanza, de esas regulares, sin nada extra. Pero convencido como un buen soñador golpee la acera con mis pasos, con la bolsa del pan (sin arrastrarla) en una mano, las cuentas ya pagadas en la otra y en el corazón el latido de que me iba a encontrar con alguien. Capaz que nos encontremos.

Así que fue que me encontré con mi gran hermano Carlos Hernández con el cual coincidimos hace poco para conversar y relajar la vena del estrés natural y social de la vida universitaria y del instituto profesional.

Que mejor para este motivo que golpear un par de bolas contra otras bolas con un palo, las cuales al encontrarse suenan como golpes: “El nunca bien ponderado palo”.

Así fue que nos tratamos de poner al día con mi cumpa, hablar de trascendencias superficiales y de cosas inconexas trascendentales sólo por eso: conversar, saber que cuando uno llama el otro contesta, cuando uno tira una talla de tendones y el otro se ríe en cuatricromía. Es saber que al final es estar interactuando con alguien que habla, di bien un dialecto diferente, en esencia, un mismo lenguaje.

Este post busca celebrar el encuentro de los hermanos, porque eso hacemos, celebramos cada vez que echamos una bola en la buchaca sin rajar el paño.

¡Salud!

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